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La demanda de los consumidores hacia una DEI verdadera y sostenible

Autora: María Pardo

 

2021 vio por primera vez esfuerzos reseñables de múltiples compañías por diseñar, implementar y comunicar políticas globales de Diversidad, Equidad e Inclusión. La DEI ya no es solo un hecho remarcable, un punto que suma, una buena intención o algo de lo que poderse sentir orgullosos o capitalizar como estrategia de marketing corporativo. Cada vez más, se va infiltrando en los objetivos prioritarios de las compañías, complementa su función comercial, sirve de aliciente a la captación y retención del talento y por supuesto sirve de estandarte de comunicación de buen gobierno.

 

 

En medio de una crisis económica sin precedentes, ha habido un auge de las donaciones. Solo en igualdad de género, MacKenzie Scott y Melinda French Gates se han asociado con la Schusterman Family Philanthropies para donar 40 millones de dólares a cuatro iniciativas. La Fundación Bill y Melinda Gates ha prometido más de dos mil millones de dólares durante cinco años para el tema y la Fundación Ford, 420 millones de dólares durante cinco años. El Black Girl Freedom Fund, lanzado el año pasado, quiere levantar mil millones de dólares en fondos en los próximos 10 años para eliminar las desigualdades de la población femenina de color. El Foro Generación Igualdad, promovido por ONU Mujeres, ha lanzado un plan de acción de 5 años para lograr avances hacia la igualdad de género, basado en acciones concretas, ambiciosas y transformadoras y apoyado por 40 mil millones de dólares en compromisos financieros… Cifras similares se manejan para resarcir otras desigualdades.

 

 

La cuestión es que, conforme empresas e instituciones realizan promesas futuras, arrojar dinero al problema de la equidad no va a ser suficiente. Los consumidores empiezan a demandar a las empresas que muestren evidencia de sus esfuerzos para hacer que el mundo sea más equitativo de manera tangible. Se exigirán auditorías e informes sobre las promesas de equidad racial. Los consumidores querrán saber cómo y en qué se gastó el dinero comprometido y si las empresas hacen un verdadero esfuerzo para avanzar hacia la equidad racial o si el movimiento para ser inclusivos es simplemente un truco de relaciones públicas de cara a la fachada.

 

 

2022 experimentará el desafío de los consumidores a las empresas, con mayores expectativas de responsabilidad corporativa y exigencia de pruebas. Los consumidores, cada vez más conscientes, se están cansando de las campañas de inclusión de uso único y de asociaciones interesadas con famosos. Ahora buscan acciones sostenibles y de impacto a largo plazo. Y penalizan a las empresas que no cumplen. Tanto como consumidores con boicots y campañas en RRSS, como empleados, con una de las causas de la Gran Renuncia asociada al “daño moral” inflingido por la empresa cuando no cumple con la misión o los valores que demanda la sociedad.

 

 

Así que, más que acciones vistosas y encaminadas a las relaciones públicas, las empresas que quieran responder ante clientes y empleados deben atacar la DEI como un problema sistémico que requiere de soluciones a largo plazo, entre las que destacan la creación de roles y equipos permanentes responsables de DEI, más recursos para estudios, análisis y estrategia, establecimiento de KPIs de DEI, formación de equipos para la inclusión… toda una batería de medidas que responda a la demanda de la sociedad de un compromiso serio y duradero… no de fachada.