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Personas con personalidad, ¿ciudades con «ciudalidad»?

Autora: Anabel Perrone

 

No dudamos en sostener que la gente que nos rodea tiene una personalidad determinada. Nuestro mejor amigo es charlatán, nuestra tía es buena pero avara, nuestra pareja es graciosa pero desordenada y seguramente nosotros nos definimos con una personalidad magnética.

 

Está claro: las personas tienen personalidad. ¿Pero qué pasa con las ciudades? ¿Se puede hablar de una “ciudalidad”, una forma de ser, de mostrarse? ¿Qué determina su forma de ser? ¿Es el resultado de la personalidad promedio de quienes la habitan? O, tal vez, ¿tiene el carácter de quienes la pensaron y la diseñaron? Y lo que es más interesante: ¿estaremos hablando de personalidades o de estereotipos?

 

Imaginemos el caso de una ciudad portuaria, de una minera o de una industrial. ¿Qué características vienen a tu mente? ¿Una ciudad de bares, nocturna y de varones; una diurna, de plazas, niños en escuelas; o simplemente un mix balanceado? Es interesante explorar la primera respuesta que viene a la mente sin demasiada elaboración para rescatar nuestras creencias más profundas.

 

La “planificación” del corto plazo 

 

Es muy probable que al recorrer ciudades de los distintos países, que se originaron a raíz del surgimiento de una actividad económica puntual, encontremos la infraestructura que ese lugar demandó en función de las necesidades de sus primeros habitantes. Algunas zonas portuarias, por ejemplo, alejadas de centros urbanos más establecidos, aún hoy conservan las características demandadas por sus “usuarios” habituales.

 

El sentirse siempre “de paso” hace que ninguna institución o diseño urbano se planifique seriamente a largo plazo. La “sensación” de short-term valida, por ejemplo, que no se construya un colegio secundario, mucho menos una universidad. Los espacios recreativos se limitan a casas de juegos y en algún lugar remoto, inclusive siguen funcionando espacios “solo para caballeros”. Seguramente, la sala de emergencias apenas cuente con lo básico, como su nombre lo indica (invocando al universo que no surja algún tema de complejidad media o superior).  ¿Qué opinas de esta “ciudalidad”? ¿Despierta atracción o rechazo?

 

Otra característica importante que resalta la importancia de lograr ciudades atractivas es pensar en los empleos del futuro y en los modelos familiares actuales. Es cada vez menos frecuente encontrar una persona que, entendiendo que el lugar donde debería desarrollar su actividad no es un espacio amigable para la familia en todo sentido, decida trasladarse en soledad, dejando a su familia primaria en un centro más urbanizado y apto para el desarrollo de todos sus miembros.

 

 

Antes era común encontrarse con el rol del varón proveedor que cumplía con un régimen de trabajo de 21/7 – como sucedía en la industria petrolera: 21 días en el campo/trabajo y 7 de descanso- para adaptarse a una realidad diaria que los alejaba de la rutina y de la cotidianeidad de su hogar. Si hoy nos encontramos con algunos de ellos, quizás sexagenarios, a la pregunta de si se arrepienten de no haber estado presente mientras sus hijos crecían, quizás, aunque en celosa confidencialidad, respondan que cambiarían alguno de esos días por haber estado presente en un acto escolar.

 

Hoy, resulta más difícil esperar que los jóvenes acepten trasladarse a ciudades hostiles. ¿Accederían a hacerlo por una cuestión salarial, en pos del “desarrollo económico familiar”? ¿Qué rol ocupa el bienestar familiar, en contraposición con el monetario? Con que solo lo iguale, es suficiente para hacer tambalear una decisión. Decenas, miles de trabajos quedarán sin cubrir si los empleos no se adaptan a las nuevas prioridades, si las actividades económicas no incluyen una mirada de triple impacto, o si las ciudades no resultan resilientes y sostenibles.

 

Una agenda para repensar las ciudades que se necesitan en la realidad de hoy

 

Resulta anacrónico profundizar si las ciudades fueron pensadas para un mundo diferente al actual: las calles fueron diseñadas para caballos antes que autos, para fábricas y talleres en lugar de edificios con parques y también, para varones que trabajaban y mujeres que se quedaban en las casas o directamente en otro pueblo esperando a su marido.

 

Si vamos a pensar ciudades con nuevas y mejores personalidades, el rol de la participación ciudadana representativa resulta central y vital para tener en cuenta todas las voces involucradas en su desarrollo y agenda de prioridades. De hecho, son muy pocos los estudios que incluyen, por ejemplo, la perspectiva de género en el análisis de indicadores claves para establecer el ordenamiento urbano.

 

 

La ONU planteó diecisiete Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) para su agenda 2030. El número 11 sostiene la importancia de lograr ciudades sostenibles, es decir más seguras, resilientes e inclusivas. Este punto tiene cada vez más importancia si pensamos que más de la mitad de la población mundial vive en ciudades y la tendencia a crear grandes centros urbanos no para de crecer.

 

Y acá llegamos a la pregunta principal: ¿se puede pensar una ciudad con perspectiva de género? ¿Podemos desarrollar una ciudad con una personalidad inclusiva y sin sesgos? Como dice la arquitecta Zaida Muxi, “las ciudades se han hecho desde el punto de vista masculino”, otorgando mayor jerarquía en el ordenamiento urbano a los roles de género masculinos, y relegando las necesidades de las tareas de cuidado, típicamente asignadas a lo femenino.

 

Existen muchas guías especializadas que ayudan a pensar una ciudad o a reformularla. No obstante, aún quedan problemas por resolver. En el planteo sobre género y diversidades hay dos puntos a destacar:

  • Las ciudades suelen reproducir la división sexual del trabajo desarrollada para facilitar el trabajo productivo, sin tener en cuenta el reproductivo que queda relegado al espacio doméstico y privado.
  • Por lo general la mujer y otros grupos vulnerables o poco representados, no forman parte de la concepción de la ciudad y no son tenidos en cuenta en la planificación urbana. En el caso de la mujer concretamente, esta falta de integración hace que se reproduzca el funcionamiento de la ciudad en base al sistema patriarcal.

 

En resumen:

 

Si no se piensa la ciudad con una personalidad inclusiva, corremos el riesgo de replicar una ciudad que responde a un modelo patriarcal y poco flexible. Y se sabe qué pasa con la persona que tiene una personalidad machista y rígida: nadie quiere estar con ella. Si no queremos que nuestra ciudad tenga estas características es importante -la palabra más adecuada sería prioritario-, complementar los trabajos existentes con KPIs claves que integren todas las miradas, que por historia, cultura y costumbre recién ahora cobran relevancia y figuran en la agenda global.

 

Organismos públicos internacionales, la comunidad científica nacional/provincial y las organizaciones sociales, juegan un rol protagónico a la hora de convocar las voces y opiniones de todos los habitantes para pensar y repensar una nueva visión sobre las ciudades que habitamos o planificamos habitar.

 

Si le damos importancia a elegir con qué personas nos rodeamos, porque su personalidad nos tiene que gustar, ¿cómo no vamos a hacer lo mismo con nuestras ciudades? Y de la misma forma que cuando somos padres, madres, tías, tíos o amigos, cuidamos de enseñar a niños y niñas perspectivas inclusivas para que mañana tengan buenas personalidades, tal vez sea igual de importante pensar esa avenida, ese barrio y ese parque, con la misma mirada: que la “ciudalidad” de nuestra ciudad sea la de alguien con quien nos guste estar, porque nosotros hicimos lo posible para “criarla” así.

 

Si quieres asomarte a esta visión comprensiva de la sostenibiildad, súmate a Humanin Haus, la comunidad que busca acelerar la transformación cultural a partir de la diversidad y perspectiva de género.